No me gusta como caza la perrita

Escribe lo que te dé la gana, comenta lo que quieras y si me apetece te respondo…..o no.

Y las zorras??

Más zorras el domingo, o al menos eso era lo que esperábamos pero…no, no fue tan afortunado el día.

Los preparativos….los mismos, la gente…alguno más, las chuletas….. no había tiempo, y las zorras….no aparecieron.

Y mira que la zona es golosa, pero no había. ¿nadan? no lo sé, pero deben, porque la mancha era un embudo total, y la única salida era pasar por la “linea de tiro”, y más atras otra, por si acaso, y mas arriba, juan hijo y yo, a la chita callando, para esas que van de listillas y cuando oyen algún ruido “vuelan que se las pelan”.

A la hora de siempre llegaron los coches y …. cuando se estaban colocando, sonó el primer petardazo. No llevaría comidos nidos el “pavo”. Y se fue, pero iba tocado y trató de esconderse. La espera para el cazador fue tremenda, larga, casi agónica, esperando la llegada de los perros (en el puesto y sin tirar seguro que habría sido mas breve, pero…), y llegaron al rato, al tropel, como alma que lleva el diablo, con Tarralilla a la cabeza, y bien digo a la cabeza, pues fue metida la cabeza, la suya, en el zarzal sospechoso cuando BBBBBBBRRRRMMMMMMMM, Todavía tiene la mano en el pecho sujetando la patata para que no salga corriendo. A veces uno se “atocina” y no ve las cosas claras, y eso es lo que le debió pasar a nuestro amigo Tarralilla que, en su afán por encontrar al susodicho, se asomó por el “burato” que había en la zarzalera y se encontró de frente con aquella bestia parda, herida, y con ganas de “echarle la culpa a alguien”. Imaginaos la escena posterior, Tarralilla dando un salto hacia atrás con los ojos desencajados, los perros comienzan el guirigay, y entre “jay jay” y “jay jay” supositorios a diestro y siniestro hasta que el del susto dobla.

Y yo en lo alto del cerro, a casi 1km de distancia escuchando el cántico celestial. Llamada de teléfono al momento y, a seguir, que las zorras aprovechan cualquier descuido.

No se volvió a escuchar ningún disparo, hasta que Juan, a mi lado derecho, comenzó la refriega y dejó secas a 2 zorras que iban faldeando la inmensa ladera donde estábamos colocados.

Yo, ni verlas, y si algo ví fue de refilón y por tanto, como si nada. Un frío de pelotas toda la mañana.

Para cuando quisimos dar la segunda mano, la vuelta del cerro donde yo estaba la gente estaba hasta las mismísimas, y quitando una salida explosiva de los perros por detrás de mi mano y la que vio el viejo ir hacia su puesto, pararse y darse media vuelta, nada de nada.

Dimos otra manita más por si acaso y salió otra pero, es increíble como se escurren. Hay mucha maleza y no se pueden tapar todos los pasos, entre otras cosas porque sólo ellas se los saben.

Cortada de rabos para sacarse unos euros para las chuletas y hasta el finde siguiente.

Zorra

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